reportaje

Lunes, 14/12/2009

Howe Gelb: el hombre de negro en 2010, primer gran golpe de "We Used To Party"

Las uniones imposibles y las posibles. Llega una que es las dos cosas a la vez: Giant Sand y Johnny Cash. Decir Giant Sand es decir Howe Gelb y todos aquellos satélites (entre ellos, Joey Burns y John Convertino de Calexico; este siglo le acompañan tres músicos daneses) que desde 1985 han gravitado alrededor de su batuta, esa que entiende que la música descansa sobre la base de la absoluta libertad. Como cantaba Van Morrison, ni gurú, ni método ni maestro. Una batuta magistral, la de Gelb, no se olvide, en el empleo de tácticas de guerrilla que desintegran el rock en un territorio de raíces sureñas y baja fidelidad donde sopla un viento del desierto que erosiona guitarras y vierte polvo en las rendijas de los pianos. Un concierto de Giant Sand es la suma de todo eso más un estado mental y las casualidades que traiga la noche. Se serpentea y se vagabundea y los ‘grooves’ dejan los finales abiertos. En sus canciones no hay control de aduanas, sino una mirada oblicua a las melodías. Todo eso es aplicable tanto a la interpretación de su temario como a las versiones que deja caer. De ahí que pueda metamorfosear “Ring Of Fire” de Johnny Cash en “Hey Jude” de The Beatles y suene como si fuera lo más normal del mundo. Y de ahí que no pueda pronosticarse qué ocurrirá en la primera edición de “We Used To Party”, en la que la banda que comanda Gelb, que andará celebrando su 25 aniversario, versionará el disco de Cash “At San Quentin” (un directo que este año ha cumplido 40 años; se grabó en la prisión del mismo nombre en febrero de 1969 y se publicó aquel junio). Dos colosos.

Porque, para más inri, estamos ante el álbum en el que el ‘hombre de negro’ mostró su cara más salvaje. Eran los días en que su vida personal giraba más deprisa y sin control: Cash miró a su audiencia de presos y casi se vio reflejado; hacía allí se dirigía entonces si no frenaba. A ese factor hay que añadir que el guitarrista Luther Perkins, su mano derecha, había fallecido siete meses antes. De manera que su música sonaba más libre que nunca, por dentro y por fuera, sin Luther atándola en corto. Y así llegamos al quid de la cuestión que nos ocupa: si comparamos al Cash de “At Folsom Prison” (1968) –su otro gran directo carcelario- con el de “At San Quentin” (1969) notamos que el segundo suena como si estuviera metiéndose en las mismas pieles que Howe Gelb lleva ya vistiendo un cuarto de siglo. Serpenteaba y vagabundeaba como nunca antes había hecho por sus canciones, y sus ‘grooves’ (el famoso ‘boom chicka boom’) llevaban las bridas más flojas y cabalgaban al galope.

Aquel Cash que era bastante Gelb y este Gelb que es bastante Cash: una unión imposible hecha posible gracias a la primera edición de “We Used To Party” –iniciativa que traerá de gira por España cada tres meses a un artista de renombre versionando un disco ajeno que le haya marcado y/o admire profundamente-. Ocurrirá a finales de enero (día 21 en Santander, 22 en Zaragoza, 25 en Madrid, 26 en Barcelona, 28 en Castellón, 29 en Lloseta –Mallorca- y 30 en Granada) y promete ser un acontecimiento en toda regla.

Juana Montoro

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