reportaje

Martes, 24/11/2009

Girando un poco con el Heineken Greenspace: cuatro chafardeos

Música en directo, vida en la carretera. Con motivo del festival Heineken Greenspace celebrado la semana pasada se vio obligado uno a moverse entre ‘backlines’ y hacer unos cuantos kilómetros durante un par de días. Pocos pero suficientes para cosechar alguna anécdota o momento que tal vez merezca la pena ser explicado. Primero, ese ‘showcase’ que el 16 de noviembre The Pains Of Being Pure At Heart dieron en la tienda de discos CD Drome de Barcelona (ver foto; autor: Jordi Vidal). Ya antes, en un par de entrevistas que les apretaron el cinturón del ‘jet lag’, Kip y Peggy, sobre todo el primero, portavoz oficial de la banda, mostraron una profesionalidad que pateaba la sombra de la soberbia. Un tipo con las ideas y la humildad muy claras. Llegó la actuación y en la reducida tienda soltaron su nervio pop como quien tiene que darlo todo a ver si así le perdonan meses de cárcel o media hipoteca. Alucinaba la cincuentena de asistentes. Tanto como el grupo alucinó después, en la cena, ante el aluvión de tapas fetén y aquel vino, de los que llaman ecológicos, que se metieron, nos metimos, entre pecho y espalda. Publicidad gratuita: todo eso ocurrió en el restaurante Resolís, ubicado en la calle de la Riera Baixa del Raval barcelonés. Después, unas copas… y el grupo durmiéndose en las sillas –más publicidad, por si algún día son tan grandes como The Beatles y algún fan quiere robar grifos que tocaron con las manos: esto último pasó en el bar Benidorm, en la calle de Joaquín Costa de la capital catalana-. Al día siguiente le tocó a uno desplazarse en tren a Madrid, donde tocaban The Duke & The King, Micah P. Hinson y Black Joe Lewis & The Honeybears. Reflexión: en términos generales, la gente que se sube al AVE en Zaragoza grita mucho más al hablar que los que embarcan en Barcelona. Debe ser por lo de las jotas. Segunda reflexión: en Madrid se siguen sirviendo las cañas de cerveza de puta madre. Barcelona, donde eso no pasa salvo que te toque la lotería con el camarero, debería protestar en las calles ante este agravio comparativo (incluso gritando como los maños del AVE). También en la capital los menús son mejores. A lo que vamos: la alianza entre Micah P. Hinson y Tachenko funciona, está el texano más integrado con ellos, tras solo una semana de ensayos y todavía sin haber dado ningún concierto, que con otras formaciones de gente de su pueblo con las que nos ha visitado antes. Se le nota hasta en cómo se fuma la marihuana, seguramente su mejor amiga. Salen a tocar y demuestran que esta únión puede prolongarse en el tiempo, tranquilamente. Los miembros de The Duke & The King también confraternizan mucho entre ellos, tanto que, hecho verídico (vivido en primera persona durante su anterior visita, con motivo del BAM barcelonés), son capaces de rezar abrazados, casi en plan gospel, antes de zamparse las viandas en un restaurante. Más datos para arquear cejas: el disco que manda en la furgoneta que al día siguiente lleva a Micah y Tachenko desde Madrid hasta Valencia es el “Sea Change” de Beck. Porros y ese álbum, un buen matrimonio. Después suenan Calexico. Abrió el fuego durante la primera hora el próximo disco de los zaragozanos, que se publicará a principios de 2010. Bien, ya estamos en la capital del Turia. Lo bueno de tener un patrocinador como Heineken es que en las neveras no falta nunca de lo que no tiene que faltar en las neveras. Algo que sienta muy bien para refrescar el cuerpo tras el potaje de acelgas que se servía ese día al mediodía en la Antigua Casa Calabuig del puerto valenciano. Como haciendo honor a esas máximas que avalan las virtudes de la repetición, los tres grupos tocan mejor esa noche que la anterior. Los primeros conciertos de una gira siempre son inferiores a los últimos, cuando esta se acaba. Sin embargo, los últimos polvos de una relación, cuando esta se acaba, no tienen por qué ser mejores que los primeros. Así son las cosas. Tras la prueba de sonido, a media tarde, Micah atendió a un programa del Canal 9 valenciano. Una entrevista larga y con bastantes respuestas para recordar. ¿Por qué le gusta Ennio Morricone? Porque tiene un talento que él nunca tendrá. Inapelable. Y porque transforma la música en vida y viceversa. ¿Por qué su banda sonora favorita es la de “Amélie”? Por ese algo tan triste que hay en su alegría y ese algo tan alegre que hay en su tristeza, según él la marca de la casa de Yann Tiersen.

Miguel Martínez

comentarios 2 comentarios

El Lorito (Barcelona)

Viernes, 04/12/2009

Mendel, ¿tú no serás Curry Valenzuela 'in disguise'?

Mendel (Zaragoza)

Viernes, 04/12/2009

pues vaya puta mierda de anecdotas, tio.

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