reportaje

Martes, 27/10/2009

En trece años, ni seis mil copias (pero el tiempo y la muerte lo han hecho leyenda)

No olvidemos que cuando falleció Camarón, en 1992, “La leyenda del tiempo” no había vendido ni seis mil copias. Pero solo dos años más tarde ya era elegido mejor disco de la historia del flamenco por ‘El País de las Tentaciones’, aquel suplemento de ‘El País’ que entonces parecía que se iba a comer el mundo del ocio en España y que hoy agoniza –hace ya años que viene cuesta abajo- con el nombre de “EP3’ y devorado por la desgana y/o el criterio del revés. Insisto: ni seis mil copias vendidas, trece años después de publicarse. El ídolo, el dios de los gitanos, decían del legendario cantaor, cuando el gran duelo. Bueno, bueno. No se eche en saco roto que hubo gitanos que en su momento fueron a las tiendas a devolver “La leyenda del tiempo”, porque aseguraban, en su cerrazón, que ese no era Camarón (Ricardo Pachón, su productor, dixit). Hasta colegas de renombre, como su primo Rancapino y Pansequito, criticaron en público esa obra, diciendo que el cantaor de San Fernando se había salido del flamenco. En fin, que las ventas del de La Isla bajaron cuando publicó aquel disco que hoy todo el mundo dice amar. Y tanta presión le metieron que medio lo amargaron durante un tiempo, hasta el punto de que cuenta Pachón que le decía “el próximo disco vamos a hacerlo un disquito flamenco”. No está de más recordar estas cosas hoy, 30 años después de que el álbum saliera a la calle y coincidiendo con la puesta en escena de “Tiempo de leyenda. Un documental sobre el disco de Camarón ‘La leyenda del tiempo’“, que se estrena en el festival In-Edit de Barcelona este 28 de octubre.

Tampoco hay que olvidar el ninguneo más o menos relativo de Tomatito, que fue un músico clave en la grabación, ni los tristes enfrentamientos entre Ricardo Pachón y el dúo Raimundo Amador y Kiko Veneno, para ver cuál de los dos bandos aportó más ideas y conclusiones a la innovadora obra. Sombras, estas últimas y las del párrafo anterior, que han amargado la luz que merece un disco de estas características: monumental, avanzado y al tiempo respetuoso con los mayores –porque mayor es la obra de Federico García Lorca, principal soporte literario de sus piezas-, cabal en su labor de bisagra entre dos mundos y dos épocas, voluntaria o involuntariamente exacto a la hora de reflejar la convulsión de un país que quería despertar de una migraña de 40 años y buscaba caminos nuevos… Nuestra The Jimi Hendrix Experience. Del blues avanzado del de Seattle al flamenco avanzado del de San Fernando. Dos revoluciones inacabadas. A ver quién se atreve a coger hoy su testigo.


Miguel Martínez

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