pelicula
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Lunes, 29/06/2009
Mishima: una vida en cuatro capítulos
1985. Estados Unidos. 120 minutos. Color y blanco y negro.
Dudando entre la pluma y la espada, el dramaturgo japonés Yukio Mishima se montó una buena película. La que refleja esta ídem, centrada en su último día de vida y estructurada en cuatro capítulos que, mediante flash-backs de su adolescencia y alusiones a varias de sus obras capitales, reflejan qué le llevó a suicidarse el 25 de noviembre de 1970, tras liarla parda en un cuartel militar. Un suicidio consecuencia, como el de tantas otras personas, de llenar los vacíos con dolor y embriagarse así con el placer de la destrucción. Restaurado ahora en alta definición, este filme de culto mantiene la vigencia y el impacto, veinticuatro años después. No solo en lo estrictamente cinematográfico –la fotografía de John Bailey y los decorados y vestuarios de Eiko Ishioka son flipantes; la interpretación del actor principal, Ken Ogata, lo mismo-, sino también en lo que tiene que ver con ese debate sobre el arte, la acción y la muerte, que tanto torturó al autor nipón. Un debate radical, que te mira a los ojos y te pide respuesta. La mía: señor Mishima, me gustan las tiendas de segunda mano, los rostros trabajados por el tiempo, y que existan piezas de recambio y aguja e hilo para coser corazones, veo mucha más belleza en todo eso que en su seppuku histriónico y a los pies del narcisismo; me quedo con la muerte buscada de Walt Kowakski en “Gran Torino”, que sí eleva la realidad.
Micaela Aparicio
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